El respeto al derecho ajeno es la paz.

La construcción de paz

La construcción de paz no es un proceso autónomo que corre paralelo a la dinámica de la sociedad en su conjunto. Por el contrario, se da al interior de las sociedades; en sus relaciones y entorno; en sus conflictividades y conflictos y en el contexto de sus virtudes y miserias.

La paz se construye a partir de la paz interior de cada una de las personas, pero también en sus relaciones con organizaciones e instituciones en las cuales las personas se organizan y actúan, ya sea en el ámbito local, regional, nacional e internacional.

La práctica en construcción de paz.

La construcción de la paz en un país determinado es una ruta multifacética y compleja que involucra diferentes actores, visiones, escenarios, procesos, poderes y estructuras de dominio y condicionantes externos. Como resultante histórica se construye en medio de altibajos, crisis, consolidaciones parciales, avances y retrocesos. Por tanto, la paz no es un umbral que se alcanza y no admite retorno, puede ser reversible, sus fronteras son móviles y su mantenimiento supone una determinada correlación de fuerzas que le dé sustento social y estatal.

Desde esta perspectiva, no se puede unilateralizar la paz y considerar: “hay paz o no hay paz”, pues esto anula la articulación y lucha permanente entre guerra y paz o entre violencia y paz. En esa línea de pensamiento hacemos nuestra la recomendación de Galtungde no ver el mundo en forma dicotómica (violencia-paz) sino en forma interdependiente, “como el ying/yang que toma en consideración las distintas posibilidades o combinaciones de ambos polos.

Por eso, una comprensión correcta de la paz supone verla como inestable, parcial y siempre emergiendo de la violencia y la guerra, del conflicto y las conflictividades, a distintos niveles sociales.

No obstante, como inspiración debemos optar por la búsqueda del mayor nivel de paz posible en determinadas circunstancias.

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El enfoque de transformación en construcción de paz. 

El enfoque de transformación nos señala que las conflictividades y los conflictos no solo hay que resolverlos sino transformarlos hacia relaciones reestructuradas. Precisamente, la transformación alude a la capacidad de “visualizar y responder al ir y venir de los conflictos sociales como oportunidades que nos da la vida para crear procesos de cambio constructivos que reduzcan la violencia e incrementen la justicia en la interacción directa y en las estructuras sociales, y que respondan a los problemas de la vida real en las relaciones humanas”.

En este caminar, la transformación de las relaciones sociales es clave ya que, precisamente, las conflictividades y los conflictos y las opciones de salida a los conflictos fluyen en las relaciones.

La transformación de los conflictos debe comenzar por las emociones que nos afligen, pues éstas son el oxigeno del conflicto, pero se deben tratar también los procesos y las estructuras en las cuales se desarrollan las relaciones sociales. En síntesis, se trata de transformar ideas preconcebidas, (fundamentalismos), prejuicios y estereotipos, pero también estructuras caducas y mecanismos violentos y polarizantes.

Aunque es en los proceso de cambio donde anida la transformación, Juan Pablo Lederach considera que si se pone el énfasis en la “resolución de conflictos” se trata, entonces, de encontrar una solución no violenta y un acuerdo sobre el contencioso. La búsqueda, en este caso, se orienta a encontrar respuestas a los problemas.

Esta fórmula es, por supuesto, muy importante para resolver los conflictos inmediatos; sin embargo, las soluciones coyunturales no toman en cuenta los aspectos profundos que subyacen en los temas y los patrones relacionales. Por este motivo, pueden proveer alivio temporal, pero se pierden importantes oportunidades de aspirar a un cambio más constructivo, amplio y, sobre todo, sostenible. En efecto, el marco de la resolución de conflictos no siempre conduce a clarificar qué habría que construir como alternativa. En síntesis, la resolución del conflicto se enfoca en desescalar el conflicto y en difuminar las crisis.

Por el contrario, la transformación del conflicto tiene en cuenta el flujo y reflujo de la conflictividad, así ve el problema presente como una oportunidad potencial para transformar la relación y los sistemas en los que estas relaciones están incrustadas”.

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En el ámbito de las estructuras.

Aquí se trata de generar espacios y fortalecer instancias y organizaciones para que participen en la esfera pública. Al dar asistencia técnica para crear y/o fortalecer estructuras, se busca consolidar mecanismos y espacios constructivos para afrontar la conflictividad y/o los conflictos específicos. Por lo demás, el fortalecimiento organizacional permitirá que las estructuras asistidas se basen en relaciones democráticas que promuevan la participación en la gestión pública.

El énfasis en las estructuras, con sostenibilidad y prácticas colaborativas, se basa en la necesidad que tiene la democracia de conjuntar en espacios públicos a actores y sectores con intereses divergentes, pero abiertos al diálogo y la búsqueda de consensos. Estas cualidades se cultivan en estructuras democráticas basadas en procedimientos participativos para la toma de decisiones.